Ella

Ella se sentó en el banco y apretó con todas sus fuerzas el dinero que tenía en el regazo. Miró al cielo, ya rojizo porque comenzaba a anochecer. La ecuación no solía fallar.  Final del día igual a final de preocupaciones diarias. Ya no había remedio, mañana sería otro día. Una media sonrisa cruzó su rostro. Justamente eso era lo que ella quería evitar. No habría más días par intentar acercarse a la normalidad. Acarició de nuevo el dinero amontonado encima de su falda. Esperaría.

El hombre terminó la operación con impaciencia y se fue calle arriba. Ella se dirigió algo somnolienta al metro. Un tren más, once estaciones, cinco tramos de escaleras, tres calles y una pequeña cuesta hasta la ladera de la montaña. Sola la casa y sola ella. Pensaba que se parecía bastante a como ella lo había imaginado. Luz blanca entrando por el ventanal del segundo piso. Con esa luz, las flores de papel pintado parecían tener relieve. Buscó un hueco para colocar la mecedora de la cocina en el brevísimo jardín de la parte de atrás y se dejó caer en ella. Cerró los ojos. El sabor amargo le provocó una ligera nausea.  Esperó.


Anuncios

la hora de la verdad

A veces,todos tenemos que cerrar la puerta. Cerrar nuestra puerta. Seguir adelante.Es un proceso que restablece el equilibrio con el universo que restaura la armonía, y, por eso, en realidad, poco importa cómo, cuándo y dónde lo hagamos. Es dar un paso al frente con el sonido todavía fresco en los oídos del adiós. No hay resquicio por donde colarse y hacerse un ovillo  frente al fuego. Es la hora de la Verdad.

Percer les nuages

Luz

Le soleil essaie de percer les nuages. Lueur  éparpillée  qui joue avec la clarté qui se cache du noir.

Le soleil essaie de percer les nuages,  de pénétrer le ciel dans une explosion grise.

Le soleil essaie de percer les nuages, mais le jour n’avance plus. Le temps reste pétrifié dans une aube éternelle.

Le soleil essaie de percer les nuages dans une danse de pureté liquéfiée, lutte pour rétablir la  lumière.

C’était un premier mai.

fragilidad

Me encantaría no sufrir ni con ausencias ni con excesos. No sentir que todo se arremolina a mi alrededor y que se evapora la tierra donde ya no piso. Me pierdo. Necesito unos minutos par recobrar el aire que se ha esfumado con el silencio. Eco de vértigo que centrifuga mis lágrimas antes de que asomen. Fragilidad.

La fragilidad del agua reflejada en “Gota a gota...”. Irene Pallarés, artífice de esta imagen, asegura que tuvo que tomar muchas instantáneas hasta que finalmente consiguió que una saliera bien.

17 pasos

El vapor de la música invadía la sala. Risas en danza y carreras frenéticas al lavabo, de dos en dos o de tres en tres. El futuro en suspensión, la vida por delante, interrogante ilusionante. ¿Mi papel? Testigo de la metamorfosis. Puedo comprender, pero ya no participar; solo emitir sonrisas cómplices, miradas que recorren espacios como este, miradas que planean sobre el tiempo. De repente una mano que se agarra fuerte a mi cintura y me invita a formar parte de la vida. No, no es como volver a los diecisiete, es únicamente un pequeño paseo por ellos intentando sacar viejas espinas.  Pasos frágiles que pierden el sendero, camino solo imaginado…

Puntos luminosos

Hay en ocasiones en que las conexiones que  se establecen entre las cosas parecen casi mágicas. Imagino que es simple ignoracia por nuestra parte de no saber qué se esconde detras de ellas. A veces se nos muestran evidentes con sólo mirarlas, pero no siempre. Hay momentos en que las sigues sin tener muy claro el porqué, como si te fueran a llevar a un lugar nuevo, como si te fueran a arrojar la luz de nuevas claves que te harán comprender el amasijo de incertidumbres que te rodea.

Nunca hubo una puerta

Esta vez sí. Abro la puerta de par en par. No son necesarios cerrojos ni rejas. Puerta transparante que refleja el sol, puerta hecha de buenos días, de ternura y de futuro. Después la verdad y las lágrimas la van haciendo cada vez más opaca con toda la oscuridad de momentos infinitos que se han hecho añicos. hasta que llega un momento que nada puede entrar y que todo debiera salir. Es el adios definitivo. No sé si se cierra de un portazo, no creo que queden fuerzas para ello. Se cierra más bien despacito, sin hacer mucho ruido, que nadie se entere, ni una misma quisiera saberlo, que allí  una vez hubo una puerta. De la llave y de acorazarla con  ladrillos se encargará el tiempo.

Puertas que acogen

Hay puertas que separan, que dividen, que amenazan, que invitan a quedarse detrás de ellas…Son como sombras altivas en el camino…

Hay puertas que despiertan nuestra curiosidad y que hacen que nos quedemos, alí plantados, como si algo  extraordinario fuera a suceder. Mil historias podrían responder al enigma que nos plantea esta discontinuidad en el muro…

Hay puertas hermosas que revelan gran laboriosidad y riqueza…Todo un arte el esconderse de los demás…

Pero, hay puertas que  nos llaman  con un cálido saludo. No son necesariamente ni las más bellas, ni las más costosas, ni las más misteriosas. “Puedes encontrar un sitio dentro de mi” parecen decirnos… Son simplemente puertas que nos acogen.